12 de juliol de 2010

Iniesta marcó... y Breitner falló el penalty

Breitner tirando fuera el penalty en la final del 74
Estábamos en 1974, yo tenía 10 años, era el Mundial de Alemania y Cruyff acababa de fichar por un Barça al que desde el 71 entrenaba Rinus Michels (que era simultáneamente el seleccionador de Holanda). Sólo por eso, muchos íbamos con los holandeses (a lo cual ayudaba el que la selección española, a la que de todas formas nadie se tomaba en serio por entonces, se había quedado fuera por segundo mundial consecutivo). 

Y el juego holandés acabó de enamorarnos, y partido tras partido (recuerdo, entre otros, el 4-0 a Argentina) veíamos más campeona a la “naranja mecánica” (no sería hasta bastantes años más tarde que no vería la película, porque, aparte de mi tierna edad, estaba prohibida por un dictador al que le quedaba poco). 

Llegó la final, contra Alemania, y el gol de Holanda en el minuto 2, después de sacar de centro y tras una jugada que culminó Cruyff en una internada de las suyas interrumpida por un penalty claro, transformado por Neeskens (que poco después sería otro ídolo blaugrana). 1-0 sin que ningún alemán hubiese tocado aún el balón. La gloria holandesa parecía inevitable. 

Pero los teutones empezaron a tocarla, y ellos también eran buenos: Beckenbauer, Breitner, Overath, el “torpedo” Müller... Breitner marcó en otro penalty, menos claro, y tenía que ser el gran goleador Müller quien marcase el 2-1 al final de la primera parte. Tras un segundo tiempo con alternativas para los dos y en la que la naranja desplegó sus virtudes (inútiles en este caso), éste sería el resultado definitivo. 

La final del Mundial siguiente la volvió a perder Holanda otra vez contra los anfitriones, esta vez Argentina. Y sin Cruyff, que no participó por motivos políticos (Argentina estaba en plena dictadura)... y (por lo visto) también económicos. 

Pero había sido sobre todo la decepción de la final de 74 la que me había marcado (y a muchos), y siempre hubiese deseado que el peludo Breitner (que por cierto, era maoísta, raro ejemplo de compromiso político en un futbolista) la hubiese tirado fuera (la verdad es que no confiaba mucho en Jongbloed, el portero holandés, que además ¡llevaba el número 8!) y que el Torpedo hubiese fallado por una vez. 

Por eso, ante la final de ayer entre España y Holanda tenía emociones encontradas: la Roja (¡me gusta el apodo!), el equipo local, el de la mayor parte de gente que conozco, el que apasiona a mi hijo, el que nos representa, ¿¡el Barça!?; contra la selección con quien la historia del fútbol tenía una deuda. 

Sin embargo, cualquier duda se disipó rápido. Los herederos de la “clockwork orangeno eran los que vestían de naranja (¿quienes eran esos usurpadores, que parecían entrenados por Mourinho?) sino los de la Roja, aunque vestían de azul. Y éstos fueron los que ganaron (¡Iniestaaaaaaaaa!), y para mi, ni Breitner ni Müller habían marcado nunca en una final mundial. El mejor equipo del mundo es el campeón universal. 

La deuda está saldada.


"España ha adoptado por fin un estilo de éxito que nació en la escuela holandesa y ha conservado el Barça desde hace 20 años"


"¿Podemos frenar a España de la manera que Mourinho eliminó al Barça?». Dije que no, de ninguna manera. Y dije que no, no porque deteste ese estilo, no. Dije que no porque pensé que los míos no se atreverían y que no renunciarían a su estilo. Dije que no porque, sin tener grandes jugadores como los de antaño, tiene un estilo propio. Me equivoqué. "

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